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México aumenta su vulnerabilidad por la dependencia del gas natural de Estados Unidos

México elevó su vulnerabilidad energética al depender cada vez más del gas natural proveniente de Estados Unidos, utilizado principalmente para generar electricidad y abastecer a la industria. Entre enero y julio, las importaciones por ducto alcanzaron 6 mil 772 millones de pies cúbicos diarios, el mayor volumen registrado desde 1973.

La dependencia ocurre mientras la producción nacional permanece estancada y la capacidad de almacenamiento permite cubrir apenas 2.4 días del consumo del país. Además, alrededor de 91% de las importaciones llega por gasoductos provenientes de Texas, lo que concentra los riesgos en una misma región y vía de suministro.

Un sistema eléctrico atado al gas importado

La Comisión Federal de Electricidad es el principal consumidor de gas natural en México, debido al uso de plantas de ciclo combinado para la generación eléctrica. Las empresas industriales, especialmente las ubicadas en el norte del país, también dependen de este combustible para mantener sus operaciones.

La Secretaría de Energía estima que México consume cerca de 9 mil millones de metros cúbicos diarios de gas natural y que entre 70% y 80% proviene del exterior. Datos oficiales también ubican en aproximadamente 75% la proporción del consumo nacional cubierta mediante importaciones, principalmente desde Estados Unidos.

El atractivo del gas estadounidense ha sido su precio relativamente bajo y la disponibilidad de infraestructura para transportarlo por ductos. Sin embargo, esa ventaja ha reducido los incentivos para aumentar la extracción nacional y ha dejado al país con un margen limitado para enfrentar interrupciones.

El antecedente de 2021

La vulnerabilidad quedó expuesta en febrero de 2021, cuando una tormenta invernal en Estados Unidos provocó cierres y restricciones en los ductos de Texas. La interrupción afectó procesos industriales y la generación eléctrica, principalmente en la frontera norte, donde se registraron apagones.

Ante la falta de reservas suficientes, México tuvo que competir por cargamentos de emergencia en el mercado internacional, con costos superiores a los habituales. El episodio mostró que una contingencia climática en Estados Unidos puede trasladarse rápidamente al suministro eléctrico y productivo mexicano.

Producción nacional y energías renovables

Especialistas consideran que la dependencia aumentó porque el consumo de gas importado creció al mismo tiempo que se frenaron la exploración y la extracción del hidrocarburo en México. También advierten que Petróleos Mexicanos necesita desarrollar capacidades e infraestructura adicionales para elevar la producción nacional.

Como parte de la estrategia para reducir la exposición al suministro externo, el Gobierno de México plantea aumentar la participación de las fuentes limpias en la generación eléctrica. Actualmente, alrededor de 24% de la electricidad proviene de energías renovables y la meta oficial es elevar esa proporción a 38% para 2030.

El almacenamiento mediante baterías podría ayudar a dar mayor estabilidad a la generación solar y eólica. No obstante, la transición requiere ampliar la infraestructura eléctrica y mantener capacidad suficiente para atender la demanda durante periodos de baja generación renovable.

La falta de reservas limita la respuesta

México no cuenta con reservas estratégicas de gas natural comparables con las de otros países. La capacidad disponible equivale a unos 2.4 días de consumo, frente a inventarios que pueden cubrir entre 80 y 120 días en Estados Unidos, Rusia, Francia y Alemania.

La concentración del suministro y el bajo nivel de almacenamiento dejan al país expuesto a choques climáticos, fallas operativas, cambios regulatorios o alteraciones en los precios internacionales. Por ello, entre las medidas planteadas se encuentran ampliar las reservas, diversificar las fuentes de suministro y fortalecer la producción interna.

Mientras México mantenga una alta dependencia del gas estadounidense para producir electricidad, cualquier interrupción en los ductos o en la disponibilidad del combustible tendrá efectos potenciales sobre los hogares, la industria y la actividad económica. La seguridad energética dependerá de reducir esa concentración sin comprometer la continuidad del suministro.

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