Las reparaciones de autos eléctricos pueden resultar más costosas que las de vehículos a gasolina debido a la complejidad tecnológica de sus sistemas y al valor del paquete de baterías, que representa entre 40% y 60% del precio total del vehículo.
En México, los accidentes más frecuentes ocurren a baja velocidad, alrededor de 30 kilómetros por hora, y suelen provocar daños de hojalatería y pintura. En estos casos, la reparación puede concentrarse en la carrocería cuando no existe afectación al sistema de propulsión.
Sin embargo, cuando un impacto alcanza la batería o el sistema de propulsión, el costo aumenta de manera considerable. En muchos de estos casos, el vehículo puede ser declarado pérdida total por la aseguradora debido a la magnitud de los daños.
La reparación también puede encarecerse porque los vehículos eléctricos son relativamente nuevos y con frecuencia se atienden en agencias, donde se requieren herramientas especializadas, personal capacitado y procesos específicos para revisar sus componentes de alto voltaje.
El precio final depende además del tipo de vehículo, la marca, la inflación y la cadena de suministro. Algunos componentes se fabrican en México, mientras que otros son importados, por lo que el tipo de cambio puede influir en el costo de las refacciones.
El crecimiento de la movilidad eléctrica ha llevado a los centros de reparación y a las aseguradoras a desarrollar nuevos métodos para evaluar daños, reparar baterías y determinar cuándo un vehículo puede volver a circular o debe considerarse pérdida total.

