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Chinampas de Xochimilco: el sistema agrícola que sostiene el agua y el clima de la CDMX

Las chinampas y humedales de Xochimilco representan uno de los últimos vestigios de un sistema agrícola prehispánico vigente y cumplen funciones ambientales esenciales para la Ciudad de México. La zona de conservación de Ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco aporta servicios relacionados con la regulación climática, la biodiversidad y la recarga de agua subterránea.

Su importancia va más allá de los paseos en trajinera. El sistema lacustre conserva canales, humedales, ahuejotes y superficies de cultivo que forman parte de una infraestructura natural fundamental para la capital, en una región sometida a la urbanización, el abandono agrícola, la escasez de agua y el hundimiento del suelo.

Un ecosistema clave para el agua y el clima

Los humedales de Xochimilco ayudan a regular el clima local, mejorar la calidad del aire y favorecer la infiltración de agua hacia los mantos acuíferos. De acuerdo con información ambiental de la Ciudad de México, el sistema de Ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco abarca más de 2 mil 600 hectáreas y cuenta con reconocimiento internacional como humedal de importancia.

La conservación de estos espacios también está relacionada con la disponibilidad de agua potable en el Valle de México. La extracción intensiva del subsuelo y la transformación de los canales alteran el equilibrio hídrico de la zona, mientras que el hundimiento del terreno modifica el flujo del agua y dificulta la permanencia de las chinampas.

Producción agroecológica en San Gregorio Atlapulco

En San Gregorio Atlapulco, familias chinamperas mantienen una red de producción de hortalizas mediante prácticas agroecológicas. El modelo impulsado por la Fundación Kalmekak busca fortalecer la agricultura local, reducir el uso de insumos sintéticos y conectar directamente a productores con consumidores de la Ciudad de México.

La iniciativa trabaja con más de 30 familias y contempla la restauración de más de 25 mil metros cuadrados de chinampas activas. A través de membresías familiares e institucionales, los consumidores reciben canastas periódicas de hortalizas cultivadas con agua filtrada y abonos naturales, mientras el pago directo mejora los ingresos de los productores.

Semillas propias y bioinsumos para recuperar el suelo

La producción chinampera también busca fortalecer la soberanía alimentaria mediante la selección y conservación de semillas. En la chinampa Samuel Avelino Luna, los productores dejan florecer las plantas con mejores características para obtener semillas de cultivos como apio, lechuga, cilantro y brócoli, adaptadas a las condiciones del suelo de la zona.

“Si un día nos dicen ‘No te vendo’, no producimos; por eso la idea es sacar nuestras propias semillas para asegurar una alimentación autónoma”, expresaron los chinamperos Hugo Gómez Serralde y Pablo López Cruz.

Para recuperar la fertilidad del suelo, los productores elaboran compostas y bioinsumos mediante la fermentación de materia orgánica. Entre ellos se encuentran el supermagro, preparado con estiércol, leche, melaza y minerales, y el biol de frutas, utilizado en zonas con mayor salinidad para favorecer la disponibilidad de nutrientes.

Una herencia agrícola que enfrenta amenazas

El crecimiento desordenado de la mancha urbana, el abandono de la agricultura y la escasez de agua han provocado la pérdida de superficies de chinampas y humedales. A estas presiones se suman la contaminación de los canales, la presencia de especies invasoras y el deterioro de las condiciones necesarias para conservar la biodiversidad.

Por ello, distintas instituciones y organizaciones impulsan proyectos de restauración, educación ambiental y recuperación productiva. La Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México también anunció la creación de un centro de visitantes en el Área Natural Protegida Ejidos de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco, con el objetivo de difundir la importancia de las chinampas y los servicios ambientales del territorio.

La conservación de Xochimilco depende de mantener vivos sus canales, humedales y espacios agrícolas, pero también de asegurar condiciones dignas para las familias que los trabajan. El consumo local, el turismo comunitario y la restauración ecológica son algunas de las vías que buscan mantener vigente esta herencia lacustre.

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