Una interrupción eléctrica de apenas medio segundo puede generar pérdidas de hasta 9 millones de pesos en una empresa industrial, según un caso expuesto por Juan Carlos Arroyo, director ejecutivo de Strategyk. El problema no se limita a los apagones: la falta de infraestructura, la baja calidad del suministro y los cuellos de botella en transmisión amenazan la expansión del nearshoring en México.
La situación también ha comenzado a frenar nuevas inversiones. Alrededor de 80 proyectos permanecen detenidos por falta de energía, principalmente en regiones industriales del Noroeste y el Bajío, donde se concentran actividades de manufactura, automotriz, aeronáutica y plásticos.
Una falla de milisegundos puede detener una planta
En las industrias con procesos continuos, una variación eléctrica de 200 milisegundos puede detener una línea de producción y provocar horas de limpieza, reparación y reprogramación. En una planta lechera, un disturbio de medio segundo representó pérdidas por 9 millones de pesos.
El impacto depende del sector. La inactividad en la industria alimenticia puede costar entre 50 mil y 150 mil dólares por hora, mientras que en el sector automotriz la pérdida puede alcanzar 2.3 millones de dólares por hora. La mayor integración de sistemas electrónicos ha elevado la sensibilidad de los equipos ante variaciones en el suministro.
El reto no es únicamente generar más electricidad
El sistema eléctrico mexicano enfrenta un desbalance regional. Parte de la energía disponible en el norte no puede transportarse con suficiente capacidad hacia el sur y la península, donde la demanda industrial continúa creciendo.
Esta limitación puede elevar los costos en las zonas con menor disponibilidad. En la península, el precio de la energía puede ser hasta 10 veces superior al del norte debido a las restricciones de transmisión, mientras los parques industriales enfrentan una disponibilidad limitada de espacios con suministro garantizado.
Baterías y microrredes, parte de la respuesta
Ante este escenario, los sistemas de almacenamiento con baterías y las microrredes pueden ayudar a reducir el impacto de las interrupciones, administrar la demanda y respaldar procesos críticos. Una batería gestionada de forma inteligente puede reducir entre 30% y 40% el valor de la factura eléctrica, de acuerdo con el perfil de consumo de cada empresa.
Estas soluciones también pueden responder de manera inmediata ante una falla, antes de que entre en operación un generador convencional. Sin embargo, instalar tecnología sin un diagnóstico previo puede aumentar los riesgos y limitar el rendimiento de la inversión.
Cinco pasos para preparar la operación hacia 2030
La estrategia energética debe partir de datos operativos y no únicamente de la compra de equipos. Para fortalecer la continuidad y acompañar el crecimiento industrial, las empresas pueden seguir cinco líneas de acción:
- Medir con precisión el consumo, la calidad de la energía y los puntos de falla.
- Identificar los procesos críticos y calcular el costo real de una interrupción.
- Alinear la infraestructura eléctrica con los planes de expansión, automatización y electrificación.
- Seleccionar una combinación adecuada de eficiencia, generación, almacenamiento, calidad de energía y digitalización.
- Diseñar una hoja de ruta de inversión para evitar decisiones aisladas que limiten el crecimiento futuro.
Una ventana decisiva para el nearshoring
La llegada de nuevas inversiones a México depende no solo de la ubicación geográfica o de la cercanía con Estados Unidos. También requiere energía suficiente, estable y con la calidad necesaria para mantener la producción.
En este contexto, la infraestructura eléctrica se ha convertido en una condición de competitividad. Las empresas que anticipen sus necesidades podrán reducir riesgos, mejorar la certidumbre de sus costos y proteger la continuidad operativa rumbo a 2030.

